«Operación estrecho» en Barcelona

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El ferry entre Barcelona y Tánger está lleno. Delante de la terminal de embarque, en una vieja furgoneta cargada hasta el techo de bártulos, Abdelwahab Lamadchi, su esposa y sus tres hijos esperan.

Publicado originalmente en ABC.es

CARLOS VÁZQUEZ | BARCELONA

Actualizado 01/08/2009 – 10:36:59

El ferry entre Barcelona y Tánger está lleno. Delante de la terminal de embarque, en una vieja furgoneta cargada hasta el techo de bártulos, Abdelwahab Lamadchi, su esposa y sus tres hijos esperan impacientes a que alguien anule su pasaje para poder embarcar. La familia marroquí pasó la noche en el parking habilitado por las autoridades portuarias de Barcelona para que los viajeros que vienen de Francia, Italia o Reino Unido, no colapsen las calles de la ciudad.

«Llevamos camas, muebles, una lavadora y muchas cosas más», dice Abdelwahab mientras se acomoda en el poco espacio que queda libre en la furgoneta. «Todos los años volvemos con regalos para la familia porque en Marruecos la gente es pobre», añade.

Entre cruceristas

Las líneas de pasajeros desde Barcelona hacia Tánger y Argel han aumentado su número de usuarios en un 140% respecto al año pasado. Esta actividad compensa los efectos de la crisis, que ha hundido en un 21% el tráfico de mercancías en el puerto de Barcelona. También compensan los cruceros. Este fin de semana, el puerto acogerá 17 barcos de cruceros con más de 53.000 pasajeros. Entre tanto bullicio crucerista, se mezclarán los pasajeros del ferry del domingo rumbo al Magreb.

La demanda de pasajes para el norte de África es mucho mayor que la oferta. Sólo hay dos viajes semanales a cada destino, y esto obliga a muchos pasajeros a esperar en las inmediaciones del puerto a que quede alguna plaza libre. «No había disponibles hasta el 12 de agosto», explica Omar, el hijo mayor de Abdelwahab. Si no consiguen un billete se irán hasta el estrecho, «pero es un viaje muy largo, sobre todo porque nuestra furgoneta no pasa de 80 o 100 por hora».

No todos corren la misma suerte. Maged Lahrach y su familia tienen pasaje. Vinieron en coche desde Italia y afirman que esta nueva línea les acorta mucho el trayecto. Maged lleva años yendo a Marruecos, pero no le gusta viajar hasta el sur porque en la carretera «hay muchos ladrones: a mi amigo le han robado los 5.000 euros que llevaba para pasar las vacaciones».

La mayoría de los pasajeros cree que el servicio se puede mejorar. «Pagamos por cada maleta que llevamos y los de seguridad nos tratan mal», protesta un hombre que no ha podido ayudar a su esposa, que lleva 9 maletas y dos niños, a recorrer los 300 metros que separan la terminal del barco. Mientras se realizan las inspecciones de vehículos para embarcar, una pasajera se queja: «Llevamos más de 3 horas esperando al sol, tenemos niños y esto no avanza».

 Confusión horaria

Antes del embarque reina la confusión. Los viajeros aseguran que el barco debería haber partido a las 11 de la mañana y las autoridades portuarias informan de que la hora de salida es a las 3 de la tarde. A las 12, Abdelwahab regresa a la furgoneta cabizbajo. «Tenemos que ir a Algeciras -dice resignado- porque había plazas libres pero nos piden 1.000 euros y es demasiado para nuestras posibilidades».

Numerosos inmigrantes magrebíes que regresan a sus países por vacaciones se ahorran este año los 1.147 kilómetros que separan Barcelona de Algeciras gracias a nuevas rutas marítimas

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